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No hay rosa sin espina, y la frase sobrevive porque casi siempre acierta.
Refrán popular
Las palabras
también nos
acompañan.
Tema
La imagen más repetida del idioma para decir que lo bueno y lo difícil vienen juntos.
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No hay rosa sin espina, y la frase sobrevive porque casi siempre acierta.
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No hay rosa sin espina, y la frase sobrevive porque casi siempre acierta.
Refrán popular
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Redacción de Citas y Refranes
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Redacción de Citas y Refranes
Cómo usar esta colección
No hay rosa sin espina tiene siglos de uso y sobrevive porque acierta: describe que lo bueno viene con un coste, sin dramatizarlo y sin prometer que compensa.
Esa sobriedad es lo que la mantiene viva mientras otras fórmulas del mismo registro se han gastado.
El uso perezoso de la imagen elige una de las dos partes: solo la flor, y queda un texto ingenuo; solo la espina, y queda un texto resentido.
La frase funciona entera. Cualquier versión que suprime una mitad dice algo bastante distinto de lo que el refrán dice.
En textos sobre una relación que costó, sobre un trabajo que valió la pena y sobre decisiones que salieron bien sin salir fáciles.
Encaja mal como consuelo inmediato: dicho a alguien que acaba de pincharse, el refrán suena a que se lo avisaron.
El idioma tiene varias fórmulas para lo mismo y no son intercambiables: unas subrayan el coste, otras la recompensa, otras la inevitabilidad.
Elegir según lo que se quiera decir es más eficaz que repetir la más conocida, que además es la que el lector ya ha visto cien veces.
La imagen tiene un detalle que casi nunca se usa: la espina no es un accidente, es una defensa, y está a la vista desde el principio.
Leída así, la frase deja de hablar de sorpresas desagradables y pasa a hablar de lo que se acepta a sabiendas, que es un tema bastante más adulto.
El refrán funciona entero: media imagen dice lo contrario de lo que dice la imagen completa.
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Sí; conserva la atribución disponible y adapta el mensaje al contexto de quien lo recibe.
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