Cómo usar esta colección
La ocasión decide casi todo
Antes que el tono o la extensión, lo que determina un mensaje es qué está pasando. Un mismo grado de afecto se escribe de forma opuesta en una celebración y en una pérdida, y confundirlos es el fallo más común y el más visible.
Estas rutas están ordenadas por eso: por el momento, no por el estilo. Encontrado el momento, el resto de decisiones se reducen a dos o tres.
Celebrar, acompañar o reparar
Casi todas las ocasiones caen en una de esas tres categorías, y cada una pide algo distinto. Celebrar admite entusiasmo y detalle. Acompañar pide sobriedad y disponibilidad. Reparar exige reconocimiento y ninguna exigencia a cambio.
Cuando un mensaje suena raro y no se sabe por qué, suele ser porque está escrito en la categoría equivocada: entusiasmo donde hacía falta calma, o disculpa donde hacía falta simplemente presencia.
El momento de enviarlo
Las fechas señaladas concentran todos los mensajes a la vez, y eso los vuelve intercambiables. Un texto que llega unos días después, o semanas más tarde en el caso de una pérdida o un cambio, no compite con nadie y se recuerda más.
Llegar tarde casi nunca es un problema real; llegar en bloque con otros veinte sí lo es.
Quién más va a leerlo
Un mensaje privado admite lo que uno quiera. Uno que va a una tarjeta colectiva, un canal de equipo o una publicación tiene que sostenerse ante gente sin contexto.
La pregunta que resuelve casi todos los casos dudosos: ¿la persona que lo recibe estaría cómoda si lo leyera alguien más?